El ojo seco aumenta entre la población adulta joven
El primer estudio de prevalencia sobre ojo seco en España revela que la enfermedad afecta a un 20% de la población adulta, y que está aumentado en personas de entre 18 y 30 años.
La experiencia clínica atestiguaba cada vez más consultas por ojo seco, pero por primera vez, un estudio de prevalencia sobre esta enfermedad aporta datos concretos de la población española a nivel nacional, con representación de todas las comunidades autónomas.
El trabajo también observa una alta prevalencia entre los más jóvenes. Las pantallas constituyen un claro factor de riesgo, habida cuenta de que su mal uso implica fijar la vista por largos períodos de tiempo y, con ello, una reducción del parpadeo que determina la menor lubricación de la superficie ocular.
Es uno de los datos destacados del primer estudio de prevalencia sobre esta enfermedad en España, coordinado por José Manuel Benítez del Castillo, catedrático de Oftalmología de la Universidad Complutense y especialista en el Hospital Clínico San Carlos y la Clínica Rementería, en Madrid.
Los hallazgos del Estudio PrevEOS. Prevalencia de la enfermedad del ojo seco en España: una encuesta de base poblacional, realizado a partir de encuestas sobre una muestra de 3.019 personas y con el apoyo de Laboratorios Théa, se publican en la revista científica The Ocular Surface.
En la investigación se parte de una edad de corte de 18 años, pero según apunta su coordinador, “ya vemos en las consultas casos de niños que, con edades de 12 a 15 años, comienzan con sintomatología de ojo seco por uso excesivo de pantallas”.
Una razón más para “aumentar la atención hacia esta enfermedad, con una mayor y más eficaz prevención, diagnóstico y tratamiento de esta, más aún en los jóvenes, en los cuales se registra una elevada utilización de pantallas y dispositivos móviles y, con ello, una reducción del parpadeo y correcta lubricación lagrimal de la superficie ocular”, afirma el también presidente de la Sociedad Española de Oftalmología (SEO) y de la Sociedad Española de Superficie Ocular (SESOC).
Respecto a la exposición a pantallas, el estudio arroja resultados llamativos, pero justificados. En personas con menos uso de pantallas se encontró más diagnóstico de ojo seco, mientras que el uso superior a 6 horas al día de estos dispositivos se asoció a menor diagnóstico de esta enfermedad. Según Benítez del Castillo, “los resultados pueden parecer paradójicos, pero tienen una explicación lógica: cuando el paciente tiene ojo muy seco y está muy afectado, usa menos la pantalla; es decir, como ya es consciente de que mirar la pantalla le va a producir sequedad ocular, porque parpadea menos, tiende a utilizar menos los dispositivos
Ojo seco en una quinta parte de la población
El estudio PrevEOS desvela que el 22,5% de la población adulta española encaja con los criterios diagnósticos para la enfermedad de ojo seco recogidos en el Beijing Eye Study (BES); si se aplican los parámetros del Woman´s Health Study (WHS), queda en un 16,6%.
La investigación también confirma que esta enfermedad oftálmica es más habitual en las mujeres (21,3% frente a 10,9% de varones, con los criterios WHS; y 24,6% frente a 20,2% en varones, con el BES), lo que podría explicarse por razones hormonales e incluso por una asociación con el uso de cosméticos y a través de blefaritis (en especial, blefaritis posterior, con afectación de las glándulas de Meibomio).
También, aplicando ambos criterios diagnósticos, se objetiva un aumento de la prevalencia a partir de los 40 años.
El 12,3% del total de los encuestados refirieron haber sido diagnosticados de la enfermedad de ojo seco por un médico, lo que contrasta con la mayor prevalencia encontrada en este estudio.
En un metanálisis sobre 45 trabajos que incluyen 335.524 participantes, se ha observado cada incremento diario de 1 hora en el tiempo ante la pantalla digital se asocia con un 21% más de probabilidades de miopía. “Estos hallazgos podrían ofrecer ideas significativas para futuras investigaciones e informar sobre estrategias educativas y políticas de salud pública dirigidas a abordar la pandemia de miopía”, señalan los autores de este trabajo, de la Universidad de Seúl (Corea del Sur).
En los jóvenes de entre 18 a 30 años la prevalencia usando criterios del BES fue del 30% y, sin embargo, sólo el 5,7% habían sido diagnosticados, lo que da la idea de la tasa de infradiagnóstico en este grupo.
Sin embargo, esta enfermedad merecería de una mayor atención, además de por su frecuencia, por su impacto clínico y en la calidad de vida. Es más que un mero picor de ojos, sus síntomas van desde un ligero malestar ocular hasta enrojecimiento persistente, sensación de quemazón, dolor e incluso alteraciones visuales. La falta de lágrimas y de una adecuada hidratación del ojo puede deberse tanto a su falta de producción como a una excesiva evaporación. “Una persona que padece ojo seco grave tiene la misma mala calidad de vida que, por ejemplo, un paciente que sufre una angina de pecho grave”, aclara Benítez del Castillo. “Generalmente, son pacientes incomprendidos por los propios médicos, al tiempo que esta enfermedad no es valorada como importante por parte de las autoridades sanitarias”.
Más factores de riesgo: diabetes, cirugía ocular, glaucoma
Además de la exposición a las pantallas, el estudio detecta otros factores de riesgo principales implicados en la aparición de ojo seco. Entre ellos, la diabetes, la cirugía ocular, el tratamiento del glaucoma y la blefaritis han sido reportados como más frecuentes en individuos que refieren estar diagnosticados de ojo seco.
El profesor Benítez del Castillo detalla las causas: “En la diabetes se produce una polineuropatía periférica que puede afectar a la córnea, con alteración de ésta y menor inervación, lo que determina una menor sensibilidad y, con ello, una menor producción de lágrimas”.
En el caso de las cirugías oculares, “todas, sin excepción, ´secan´ la superficie ocular, factor a tener en cuenta en modo preventivo, y en especial en aquellos pacientes que han sido sometidos a sucesivas operaciones de distintas patologías (retina, catarata, glaucoma, etcétera)”.
Respecto a la medicación del glaucoma, advierte de que “muchos de los fármacos que se emplean habitualmente para tratar esta enfermedad cuentan con principios activos que pueden secar el ojo, y más aún si incorporan conservantes (como el cloruro de benzalconio), lo que determina una mayor tasa de ojo seco en pacientes tratados durante años de su glaucoma que en otros sin glaucoma de la misma edad”. A ello se une una peor evolución y tratamiento del glaucoma en presencia de ojo seco, “ya que el paciente muestra una menor adhesión y cumplimiento terapéuticos al ser la propia instilación de las gotas muy molesta por razón de su sequedad ocular”. S. Moreno (DM)