La alimentación no causa rosácea, pero puede modular la intensidad de los brotes

La dieta no es el origen de la rosácea, aunque sí influye en la frecuencia y severidad de los síntomas en personas predispuestas. Así lo explica Cristina López de la Torre, directora del área de Biomedicina de la Universidad Europea, quien subraya su papel como factor modulador de la inflamación cutánea.

Aunque muchas personas con rosácea aseguran que ciertos alimentos empeoran sus síntomas, la ciencia aclara su verdadero papel. Según Cristina López de la Torre, directora del área de Biomedicina de la Universidad Europea “la dieta no causa rosácea, aunque sí puede influir de forma relevante en la intensidad y frecuencia de los síntomas en personas predispuestas”.

La experta explica que la rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de origen multifactorial, con alteraciones vasculares, inmunes y del microbioma. En este contexto, la alimentación no es el origen, sino que “actúa como un factor modulador, capaz de activar o atenuar los mecanismos que subyacen a la enfermedad”.

“Estudios recientes reflejan que ciertos alimentos estimulan receptores sensoriales de la piel que responden al calor y a sustancias químicas como la capsaicina, provocando vasodilatación y una reacción inflamatoria que se traduce en ardor y enrojecimiento”, explica de la Torre. Por ejemplo, el alcohol es, probablemente, el mayor desencadenante dietético de brotes de rosácea. “Su consumo se asocia a un mayor riesgo de brotes por su efecto vasodilatador y la liberación de sustancias proinflamatorias”. Por otro lado, los alimentos picantes, como los chiles, contienen capsaicina, que “también son un desencadenante consistentemente descrito, ya que activan vías neurovasculares que intensifican los síntomas”, afirma la experta de la Universidad Europea.

Frente a la idea extendida de que la cafeína es perjudicial, los estudios sugieren que no solo no se asocia a un mayor riesgo, sino que podría ser protectora. “El factor clave en bebidas calientes como el café o las infusiones es, en realidad, la temperatura”, asegura. En este sentido, “las bebidas muy calientes pueden inducir a una vasodilatación facial y provocar enrojecimiento”, señala la directora del área de Biomedicina de la Universidad Europea, quien subraya que este mismo principio “se aplica a sopas o caldos calientes.”

La investigación sobre la rosácea ya no se enfoca solo en evitar detonantes, sino en promover dietas que estabilicen la piel. La evidencia señala a la alimentación antiinflamatoria, como la dieta mediterránea, como una de las más beneficiosas. “Este patrón rico en frutas, verduras, legumbres y pescado azul, aporta antioxidantes y ácidos grasos omega-3 con demostrados efectos antiinflamatorios”, explica la experta Cristina de la Torre. Asimismo, “el cuidado del eje intestino-piel a través de una dieta rica en fibra y prebióticos es un campo de creciente interés”, concluye. Ana Mera, farmacéutica (SyM)

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