Se investiga conocer por qué ciertas bacterias intestinales podrían propagarse mediante el contacto social cercano
Un reciente estudio científico ha desvelado datos reveladores en relación a una novedosa forma en que los genes y las ‘interacciones sociales’ se entrelazan: mediante el intercambio de microbios intestinales comensales que se desplazan entre individuos.
En humanos, solo dos genes se han vinculado de forma fiable, hasta ahora, con las bacterias intestinales: el gen de la lactasa, que influye en los microbios que digieren la leche y determina si los adultos pueden digerirla, y el gen del grupo sanguíneo ABO, que afecta a los microbios mediante mecanismos, hasta el momento, prácticamente desconocidos.
Para comprender mejor cómo los genes dan forma al microbioma, investigadores de la Universidad de California en San Diego (UCSD) (EEUU) han llevado a cabo un estudio, hallando datos reveladores en relación a una novedosa forma en que los genes y las ‘interacciones sociales’ se entrelazan: mediante el intercambio de microbios intestinales comensales que se desplazan entre individuos.
Para llegar a estos resultados, los científicos analizaron los efectos genéticos del huésped en cuatro cohortes de ratas de laboratorio exogámicas expuestas a entornos distintos pero controlados. La combinación de datos genéticos y del microbioma de 4.000 ratas genéticamente únicas (extraídas de cuatro cohortes alojadas en diferentes instalaciones de EEUU permitió a los investigadores probar qué efectos genéticos se mantenían en distintos entornos.
“Nos interesaba saber si la variabilidad genética de esos animales influiría en lo que habitaba en su intestino”, según Abraham Palmer, profesor y vicepresidente de investigación básica en el Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UC San Diego. “Esta fue una excelente oportunidad, ya que todos los animales comen lo mismo, así que no tenemos que preocuparnos de que los genes influyan en su microbioma a través de sus elecciones alimentarias, por ejemplo. Es un sistema mucho más simple”.
El equipo identificó tres regiones genéticas que influyeron consistentemente en las bacterias intestinales a pesar de las diferencias en las condiciones de crianza entre las cuatro cohortes. El vínculo más fuerte se encontró entre el gen St6galnac1 , que añade moléculas de azúcar a la mucosidad intestinal, y la abundancia de Paraprevotella , una bacteria que se alimenta de estos azúcares. Este se encontró en las cuatro cohortes.
Una segunda región, que contiene varios genes que forman la capa mucosa protectora, se correlacionó con la bacteria Firmicutes. Una tercera región incluía Pip , un gen que codifica un péptido antibacteriano, y se asoció con Muribaculaceae , una familia de bacterias que se encuentra comúnmente tanto en roedores como en humanos.
El estudio descubrió que algunos genes favorecen a ciertas bacterias intestinales y que estas pueden propagarse mediante el contacto social cercano.
“Esto es el resultado de la transmisión de influencias genéticas a través del contacto social”, afirmó la autora principal, Dra. Amelie Baud, investigadora del Centro de Regulación Genómica. “Los genes configuran el microbioma intestinal, y hemos descubierto que no son solo nuestros propios genes los que importan”.
“Probablemente sólo hemos descubierto la punta del iceberg”, añadió la prof. Baud, señalando que se podrían identificar muchos más microbios a medida que mejoren los métodos de elaboración de perfiles. Dada la creciente evidencia de que el microbioma intestinal desempeña un papel importante en la salud, si se encuentran efectos similares en humanos, esto podría significar que las influencias genéticas en el riesgo de enfermedad podrían haberse subestimado considerablemente en estudios anteriores.
Aunque los detalles serán diferentes en los humanos de lo que encontramos en las ratas, el estudio señala el camino hacia la comprensión de los mecanismos de cómo los genes del huésped y microbianos trabajan juntos para producir enfermedades complejas en las que está involucrado el microbioma, que van desde enfermedades cardiovasculares hasta obesidad y Alzheimer”, según el coautor Rob Knight, profesor en los Departamentos de Pediatría, Bioingeniería y Ciencias de la Computación e Ingeniería en UC San Diego y director del Centro de Innovación en Microbiomas. L.D.B. /M.T.T. (SyM)





















