La forma de consumir probióticos puede impactar en el eje intestino-cerebro
La manera en que se toman los probióticos puede influir en su impacto en el cerebro, según se desprende de una reciente investigación realizada por científicos suecos. La preparación de las bacterias influye significativamente en su almacenamiento y vida útil, y su comportamiento en el tracto intestinal también es diferente, con sus efectos en el eje intestino-cerebro.
Los probióticos son bacterias beneficiosas que contribuyen a la salud cerebral y suelen consumirse a través de alimentos o bebidas funcionales. La preparación de las bacterias influye significativamente en su almacenamiento y vida útil, y su comportamiento en el tracto intestinal también es diferente, lo que afecta al cerebro, como lo demuestra cada vez más estudios.
Sobre ello también han trabajado en la Universidad de Örebro (Suecia), desde donde se han sugerido nuevas posibilidades para enfoques personalizados, dependiendo de si el objetivo principal es, por ejemplo, mejorar la memoria o reducir la depresión.
Se trata del primer estudio que se realiza en adultos mayores sanos y que compara diferentes métodos de preparación de probióticos. “Nuestro estudio demuestra que la memoria y la concentración pueden mejorar si el polvo probiótico está encapsulado, mientras que el polvo sin encapsular tiene un mayor efecto sobre la salud mental, como la ansiedad, la depresión y afecciones similares”, explicó Julia Rode, investigadora en biomedicina de la Universidad de Örebro, especializada en la conexión entre el intestino y el cerebro.
Para llevar a cabo el trabajo se seleccionaron 87 personas de entre 60 y 80 años. Se les administraron bacterias probióticas microencapsuladas o no encapsuladas de la misma cepa y en la misma dosis. Un grupo de control recibió un placebo para comparar los resultados.
Como se expone en el trabajo, publicado en ‘Brain, Behavior, and Immunity’, el polvo encapsulado se puede comparar con la levadura química, que también se presenta en diferentes presentaciones. El recubrimiento permite que permanezca activo durante más tiempo y no reaccione inmediatamente, por ejemplo, con la masa. De igual manera, el polvo encapsulado permite que una mayor proporción de bacterias beneficiosas penetre más profundamente en el intestino.
La cápsula protege a las bacterias del ácido estomacal, permitiéndoles llegar más lejos en los intestinos. Esta administración más profunda parece activar señales neuronales específicas que mejoran la concentración y la memoria. “Observamos que la forma tenía diferentes efectos en el cerebro. No es que una sea mejor que otra; depende completamente de lo que cada persona necesite fortalecer. Diferentes métodos de preparación son útiles en distintas situaciones”, según la prof. Rode.
En definitiva, los resultados mostraron claras diferencias en las conexiones funcionales cerebrales, según la forma de consumo de los probióticos. Esto refuerza la evidencia de la conexión entre el intestino y el cerebro (el llamado eje intestino-cerebro) y cómo puede contribuir a un envejecimiento más saludable.
La presentación del polvo tuvo diferentes efectos sobre la función cerebral: el polvo encapsulado afectó la cognición, incluida la memoria, el enfoque, la atención y la orientación, mientras el polvo no encapsulado afectó la salud mental, lo que puede influir en el bajo estado de ánimo, la ansiedad y la depresión. L.D.B./M.T.T. (SyM)






















