La sequedad vaginal, un efecto secundario invisibilizado de los tratamientos oncológicos

Pese a su elevada frecuencia durante y después del tratamiento oncológico, la sequedad vaginal sigue siendo una complicación poco abordada que puede afectar de forma notable al bienestar físico y emocional de muchas mujeres.

El avance de la oncología ha permitido mejorar de forma significativa la supervivencia y el pronóstico del cáncer femenino. Sin embargo, los tratamientos que salvan vidas (quimioterapia, radioterapia o terapias hormonales) conllevan efectos secundarios que impactan directamente en la calidad de vida de las pacientes, tanto a nivel físico como emocional.

Uno de los más frecuentes, pero menos visibilizado, es la sequedad vaginal, una alteración íntima que afecta a un alto porcentaje de mujeres durante y después de la enfermedad y que, a pesar de su elevada prevalencia, sigue siendo un tema rodeado de tabúes y escasamente abordado fuera del ámbito clínico.

Los expertos quieren visibilizar esta realidad e integrar el cuidado del bienestar íntimo en el acompañamiento integral de las pacientes oncológicas. Según datos de 2025 del Ministerio de Sanidad, entre las mujeres, el cáncer de mama es el más habitual, con un 31% de tasa de incidencia, seguido del cáncer colorrectal (13%), el cáncer de pulmón (7%) y el cáncer de útero (6%).

La sequedad vaginal no es un efecto secundario menor. Es una realidad que afecta profundamente al día a día de muchas pacientes oncológicas“, comenta Sylvaine Balmy, farmacéutica que añade: “Hablar de ello y de las rutinas de higiene adecuadas para minimizar las molestias forma parte de un enfoque más humano de la salud femenina“.

¿Por qué la quimioterapia produce sequedad vaginal?

La quimioterapia y otros tratamientos oncológicos actúan sobre las células de rápida división con el objetivo de frenar el crecimiento tumoral. Sin embargo, este mecanismo no distingue entre células cancerosas y otros tejidos sanos que también se renuevan con rapidez, como la mucosa vaginal. Como resultado, esta mucosa puede verse dañada, perdiendo parte de su capacidad natural de regeneración y protección.

A este efecto directo se suma el impacto hormonal de muchos tratamientos. La quimioterapia puede reducir de forma significativa los niveles de estrógenos (hormonas clave para mantener la hidratación, elasticidad y el grosor del tejido vaginal) o incluso provocar una menopausia inducida o precoz, algo especialmente relevante en mujeres jóvenes que aún no han alcanzado esa etapa vital. Esta caída hormonal altera el equilibrio de la flora vaginal y disminuye la producción de lubricación natural.

Como consecuencia, la mucosa se vuelve más fina, menos elástica y más frágil, con una menor capacidad de defensa frente a agresiones externas. La sequedad vaginal no suele aparecer de forma aislada, sino que suele ir acompañada de otros síntomas que afectan al confort diario y a la calidad de vida de las pacientes, tales como:

  • Sensación de ardor o escozor, especialmente en la micción o durante la higiene íntima.
  • Picor o irritación persistente, que puede intensificarse con el uso de ropa ajustada o determinados productos de higiene.
  • Dolor durante las relaciones sexuales (dispareunia), uno de los síntomas más limitantes a nivel emocional y relacional.
  • Mayor susceptibilidad a infecciones vaginales, debido al debilitamiento de la barrera protectora y al desequilibrio del pH vaginal.

Además, estos síntomas pueden persistir incluso después de finalizar los tratamientos, prolongándose durante meses o años si no se abordan de manera adecuada.

El impacto emocional del malestar íntimo

La sequedad vaginal durante y después de los tratamientos oncológicos tiene un impacto que va mucho más allá de lo físico. Muchas mujeres describen sentimientos de incomodidad, vergüenza o desconexión con su feminidad, especialmente en un momento vital marcado por la enfermedad. La sensación de ‘no reconocerse’ en su propio cuerpo puede afectar a la autoestima y generar inseguridad al retomar la vida sexual o social después del tratamiento.

La dificultad para hablar abiertamente de estos síntomas contribuye a que el problema se cronifique y se viva en silencio. Este silencio puede generar un círculo de frustración emocional, aislamiento y estrés, afectando incluso a la calidad de las relaciones personales y de pareja. Estudios recientes muestran que los problemas de bienestar íntimo no tratados pueden repercutir en la percepción global de la salud y en la recuperación emocional tras la enfermedad.

Por ello, expertos en salud femenina coinciden en la necesidad de normalizar la conversación sobre el bienestar íntimo en pacientes oncológicas, fomentando un entorno donde las mujeres se sientan cómodas para expresar sus necesidades y preocupaciones. Integrar el cuidado íntimo dentro del acompañamiento terapéutico no solo ayuda a aliviar los síntomas físicos, sino que también fortalece la confianza, la autoestima y la calidad de vida de las pacientes, promoviendo un enfoque integral que considera la salud femenina en todas sus dimensiones.

Autocuidado durante y después del cáncer

Los especialistas insisten en la importancia de identificar y tratar la sequedad vaginal como parte del seguimiento oncológico, incorporando medidas de cuidado íntimo adaptadas y un acompañamiento que tenga en cuenta tanto la dimensión física como la emocional de las pacientes. En este contexto, los expertos subrayan la importancia de adoptar un enfoque integral que no se limite solo a tratar la sequedad vaginal, sino también a preservar la calidad de vida y el bienestar diario de las mujeres.

Durante los tratamientos oncológicos, la higiene y el cuidado de la zona íntima requieren una atención especial. Para ello es fundamental utilizar productos suaves, sin agentes agresivos y adaptados a mucosas sensibles, que ayuden a mantener el confort sin alterar el equilibrio natural.  L.D.B. (SyM)

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