Hallan una forma revolucionaria de prevenir y de tratar las cicatrices
Las cicatrices no solo afectan a la apariencia, también pueden alterar la función de los tejidos y desencadenar enfermedades graves. Identificar vías celulares específicas capaces de promover una cicatrización más regenerativa puede abrir la puerta a nuevas terapias para reducir o prevenir la fibrosis.
La rápida cicatrización de las heridas corporales previene la muerte por pérdida de sangre, infección o movilidad reducida, sin embargo, la huella que dejan podría ir más allá de un simple problema estético al interferir con el funcionamiento normal de los tejidos y causar dolor crónico, enfermedades e incluso la muerte por fibrosis, generalmente, en órganos vitales como los pulmones, el hígado o el corazón.
En la superficie de la piel, aunque rara vez son fatales, son más rígidas y débiles que la piel normal y carecen de glándulas sudoríparas o folículos pilosos, lo que dificulta la compensación de los cambios de temperatura.
Científicos de la Universidad de Stanford en California (EEUU) se han dedicado a investigar vías de cicatrización específicas en las células formadoras de cicatrices, llamadas fibroblastos, que se originan en la cresta neural, comprobando que impulsan una cicatrización más regenerativa.
Así lo destacan en su trabajo, publicado en la revista ‘Cell’, reconociendo que “el progreso hacia terapias anticicatrices se ha visto obstaculizado por la limitada comprensión de las poblaciones de fibroblastos que subyacen a la cicatrización fibrótica frente a la regenerativa”.
La activación de dichas vías, incluso en un subconjunto de fibroblastos alrededor de pequeñas heridas en el abdomen o la espalda de los ratones, provocó que sanaran con mucha menos cicatriz, similar a las heridas faciales o del cuero cabelludo no tratadas.
Para llevar a cabo la investigación, estos científicos utilizaron ratones de laboratorio para investigar las diferencias en la cicatrización de heridas en diversas partes del cuerpo de los animales. Anestesiaron a los ratones antes de crearles pequeñas heridas en la piel de la cara, el cuero cabelludo, la espalda y el abdomen. Las heridas se estabilizaron suturando pequeños anillos de plástico a su alrededor para evitar diferencias en las fuerzas mecánicas al moverse los animales. Se les administró analgésicos a los ratones durante el proceso de cicatrización.
Después de 14 días, las heridas en la cara y el cuero cabelludo expresaron niveles más bajos de proteínas implicadas en la formación de cicatrices, en comparación con las del abdomen o la espalda de los animales. El tamaño de las cicatrices también fue menor.
Los investigadores trasplantaron piel de la cara, el cuero cabelludo, la espalda y el abdomen de ratones a la espalda de ratones de control. Tras la implantación de los trasplantes, repitieron el experimento con la piel trasplantada. Al igual que antes, las heridas en la piel trasplantada de la cara de los ratones donantes expresaron niveles más bajos de proteínas asociadas a la cicatrización.
Otro paso dado fue aislar fibroblastos de muestras de piel de las cuatro zonas corporales de los ratones donantes para inyectarlos en el lomo de los ratones control. Los autores observaron niveles reducidos de proteínas asociadas a la cicatrización en el lomo de los animales receptores inyectados con fibroblastos de la cara de los animales donantes, en comparación con los fibroblastos del cuero cabelludo, el lomo o el abdomen.
“Descubrimos que no es necesario modificar ni manipular todos los fibroblastos del tejido para obtener un resultado positivo”, afirmó Dr. Dayan Li, investigador clínico y posdoctoral, y autor principal de la investigación. “Al inyectar fibroblastos modificados genéticamente para que se asemejaran más a los fibroblastos faciales, observamos que las incisiones en la espalda cicatrizaron de forma muy similar a las faciales, con menos cicatrices, incluso cuando los fibroblastos trasplantados representaban solo entre el 10 % y el 15 % del total de fibroblastos circundantes.
De ahí que afirmaran que modificar tan solo unas pocas células pueden desencadenar una serie de eventos que pueden causar grandes cambios en la cicatrización. Por tanto, a su juicio, existen mecanismos y causas comunes independientemente del tipo de tejido, y sugieren que puede existir una forma unificada de tratar o prevenir las cicatrices.
“Ahora que entendemos esta vía y las implicaciones de las diferencias entre los fibroblastos que surgen de diferentes tipos de células madre, es posible que podamos mejorar la cicatrización de heridas después de cirugías o traumatismos”, concluyó Derrick Wan, otro de los autores del estudio. L.D.B. (SyM)





















