Arrojan luz sobre cómo detectar y tratar el párkinson antes de que llegue al cerebro
Poder comprender cómo se origina el párkinson en el organismo podría facilitar actuar precozmente para detectarlo a su debido tiempo, lo que permitiría el diagnóstico mucho antes de que se lleguen a producir los daños cerebrales característicos de esta patología.
Una de las primeras áreas cerebrales afectadas en personas con enfermedad de Parkinson (EP) es el núcleo motor dorsal del nervio vago, que conecta directamente con el intestino. Sin embargo, todavía no hay suficiente conocimiento sobre el vínculo entre ambos elementos.
De lo que sí hay constancia es de que décadas antes del inicio de los síntomas motores, los pacientes con EP sufren de estreñimiento y presentan células T circulantes que responden a la α-sinucleína (αS), lo que sugiere que las respuestas inmunes periféricas iniciadas en el sistema nervioso entérico (SNE) pueden estar involucradas en las primeras etapas del párkinson.
En un reciente estudio en ratones dirigido por científicos del Instituto de Investigación de Demencia del Reino Unido en el Colegio Universitario de Londres (UCL) sus autores identifican un papel clave para los macrófagos intestinales (una célula inmune especializada que actúa como primera respuesta, comiendo o “engullendo” y destruyendo a los invasores dañinos) al ayudar a que las proteínas tóxicas viajen desde el intestino hasta el cerebro.
En concreto, demostraron que los macrófagos intestinales ingerían alfa-sinucleína y comenzaron a mostrar signos de disfunción en sus sistemas lisosomales, responsables de descomponer el material de desecho de la célula.
De hecho, la reducción del número de macrófagos intestinales redujo la propagación de proteínas tóxicas y mejoró los síntomas motores en ratones. Ello podría permitir la intervención mucho antes de la aparición de los síntomas motores característicos de esta patología.
“Nuestro estudio demuestra que las células inmunitarias no son meros espectadores en el párkinson, sino que estos macrófagos intestinales responden, aunque de forma disfuncional”, señaló la Dra. Soyon Hong, coautora principal y jefa de grupo del Instituto de Investigación de la Demencia del Reino Unido en la UCL.
Para avanzar en el estudio, cuyos resultados se publican en ‘Nature’, los científicos aislaron alfa-sinucleína mal plegada, la proteína tóxica implicada en el párkinson, del cerebro de personas que habían fallecido con párkinson. Insertaron pequeñas cantidades de la alfa-sinucleína derivada del paciente en el intestino delgado de ratones y siguieron su propagación desde el intestino hasta el cerebro.
Seguidamente, pudieron comprobar que los macrófagos enviaban señales a las células T, que forman parte de la respuesta inmunitaria adaptativa del cuerpo. Estas células T, “instruidas por el intestino”, viajan desde el intestino hasta el cerebro.
Cuando los investigadores redujeron la cantidad de macrófagos intestinales antes de inyectar alfa-sinucleína en el intestino delgado de los ratones, observaron que esto resultó en niveles reducidos de alfa-sinucleína tóxica en el cerebro, en comparación con los controles sanos (ratones en un grupo de comparación). Todo ello sugiere una posible vía terapéutica: atacar estas células inmunes y evitar que lleguen al cerebro.
“Esto nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre cómo podemos potenciar la función del sistema inmunitario y de estas células, para que respondan correctamente y contribuyan a ralentizar o detener la propagación de la enfermedad”, según la Dra. Soyon Hong.
El equipo investigador planea analizar con mayor detalle cómo el sistema inmunitario afecta negativamente al cerebro y si esto podría aprovecharse para desarrollar nuevas dianas farmacológicas. Asimismo, tienen previsto investigar cómo aprovechar los marcadores de inflamación en sangre como diagnóstico temprano del párkinson. M.T.T. (SyM)





















