La falta de ciertos ácidos grasos en madres podría estar vinculado con el asma infantil
La colonización bacteriana neonatal de las vías respiratorias y las alteraciones inmunitarias han surgido como determinantes clave en el origen del asma infantil a lo que podría sumarse el vínculo con una molécula específica de ácido graso en mujeres embarazadas y sus efectos sobre sus descendientes.
Se dispone de suficiente evidencia científica que constata que los macrófagos alveolares (MA) están relacionados con las infecciones respiratorias tempranas y el desarrollo del asma infantil. Se sabe que estos son cruciales para la homeostasis pulmonar y la vigilancia inmunológica. Los MA se originan a partir de monocitos del hígado fetal, desempeñando funciones esenciales en el desarrollo y la maduración pulmonar durante la primera semana de vida.
Por su parte, el ácido 12-hidroxieicosatetraenoico (12-HETE) derivado de neutrófilos, que es un mediador lipídico eicosanoide formado a partir del ácido araquidónico (AA) por la actividad de la enzima lipoxigenasa (LOX), ha demostrado ser importante para la impronta neonatal de los MA.
Precisamente, investigadores de la Universidad de Copenhague (Austria) y del Centro de Estudios Prospectivos de Copenhague sobre el Asma en la Infancia (COPSAC, por sus siglas en inglés), perteneciente al Centro Danés de Asma Pediátrica del Hospital Herlev y Gentofte en Dinamarca, han investigado la relación entre dicho ácido graso específico presente en la sangre de mujeres embarazadas y el riesgo de que sus hijos desarrollen asma infantil.
“Por primera vez, demostramos que esta molécula específica de ácido graso en mujeres embarazadas está relacionada con el riesgo de que el niño desarrolle bronquitis asmática: si las madres no tienen una cantidad medible de esta molécula en su sangre durante el embarazo, hay una mayor incidencia de asma infantil en el primer año de vida del niño”, según explicó el investigador de asma y profesor clínico Bo Chawes del Departamento de Medicina Clínica y COPSAC.
En concreto, los investigadores pudieron comprobar que la incidencia de asma infantil durante los primeros diez años de vida era un 62 por ciento mayor si la madre no tenía cantidades medibles de la molécula de ácido graso 12-HETE en su sangre, en comparación con aquellas en las que sí se pudo medir.
“Parece que el 12-HETE es crucial para la maduración temprana del sistema inmunitario del niño. Si el niño presenta niveles demasiado bajos de estos ácidos grasos desde una edad muy temprana, incluso en el útero, es probable que esto conlleve un sistema inmunitario que no funcione correctamente y, en consecuencia, una alteración de la microbiota pulmonar. Esto puede aumentar la susceptibilidad a las infecciones respiratorias y al desarrollo de asma”, agregó el prof. Chawes.
El trabajo de estos investigadores demostró, asimismo, que los hijos de madres sin niveles detectables de 12-HETE en sangre durante el embarazo presentan con mayor frecuencia infecciones respiratorias múltiples y una composición bacteriana alterada en sus vías respiratorias. Esto respalda la idea de que esta molécula de ácido graso probablemente desempeña un papel importante en el desarrollo del asma, según creen los investigadores.
El asma infantil es extremadamente común, por lo que es fundamental descubrir qué la causa y cómo podemos prevenirla. Con nuestro estudio, hemos demostrado que el 12-HETE podría funcionar como un biomarcador y, por lo tanto, representar el primer paso hacia una prevención más personalizada y precisa del asma infantil”, concluyó el citado investigador. J.S.LL./ L.D.B. (SyM)






















