El 60% de los casos de dermatitis atópica se inician en el primer año

Pequeños gestos en la consulta, como interesarse por la vida del joven, pueden marcar la diferencia en su implicación con el tratamiento.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel que afecta hasta un 20% de los niños y adolescentes. Es frecuente en edades tempranas: en el 60% de los pacientes se inicia en el primer año y hasta el 85% en los primeros cinco. En la adolescencia, etapa clave en la construcción de la identidad, puede ser compleja: lesiones visibles, picor constante y brotes recurrentes no solo afectan a la piel, sino también a la seguridad y la autoestima.

El impacto psicológico de la enfermedad puede traducirse en ansiedad, problemas del sueño y afectación de la vida social, limitando las experiencias propias de la edad, tal como señalan desde la Asociación de Afectados por la Dermatitis Atópica (AADA). “Vivir con dermatitis atópica en la adolescencia significa enfrentarse a diario a la inseguridad y, a veces, al aislamiento”, explica África Luca de Tena, cofundadora y presidenta de AADA. “El paciente necesita sentirse comprendido en la consulta más allá de los síntomas físicos, y que el médico entienda que el impacto emocional es tan importante como el tratamiento que receta”, añade.

La consulta, un espacio seguro

La relación médico-paciente se convierte en una herramienta de seguimiento clave. Lograr una comunicación adecuada requiere sensibilidad, adaptación y habilidades específicas por parte del especialista que permitan comprender las necesidades y acompañar de manera adecuada.

El psicólogo clínico y docente Jesús Matos asegura que conectar con un paciente adolescente “implica salir del piloto automático y generar un espacio de confianza real”. “Cuando el personal sanitario adapta su forma de comunicarse, escucha activamente y valida las emociones del joven, este se compromete con el tratamiento y la relación cambia por completo”, apunta.

El objetivo es que la consulta se convierta en un entorno seguro, donde el paciente perciba al profesional médico como un aliado en el control de la enfermedad, según Matos. “No se trata de convertir a los especialistas en dermatología en personal de psicología, sino de incorporar habilidades de comunicación que mejoren la relación terapéutica”, matiza. Gestos como preguntar por las aficiones, interesarse por la vida diaria o dirigirse directamente al afectado -no solo a los familiares-, puede marcar una gran diferencia, según el psicólogo.

Ciencia y empatía

El abordaje de las enfermedades de la piel tiende cada vez más a tratar a los pacientes de manera integral, no limitándose únicamente a los síntomas físicos. Almirall, compañía especializada en dermatología médica, destaca que el éxito en el seguimiento y acompañamiento de la dermatitis atópica en la adolescencia reside en una combinación de “ciencia” y “empatía”. Desde la perspectiva médica que comparte Jesús Cabrera, senior director medical affairs de Almirall Iberia, este equilibrio favorece que los jóvenes perciban al médico como a un verdadero aliado en la consulta, importante para mejorar el manejo de la enfermedad. Lara Clavijo.

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