Cansancio extremo: 5 razones que explican tu sueño incontrolable durante el día

Sentirte cansado después de una mala noche es normal. Lo que no lo es tanto es que arrastres un agotamiento constante, con una sensación de sueño incontrolable durante el día que afecta al trabajo, al entrenamiento y a la vida personal. Este tipo de cansancio extremo no suele aparecer por casualidad: en la mayoría de los casos, es la señal de que algo no está funcionando correctamente en tus hábitos, tu descanso o tu nutrición.

Identificar las causas más habituales es el primer paso para que recuperes energía y claridad mental. Éstas son las cinco razones frecuentes que pueden estar detrás de ese agotamiento persistente.

Falta de sueño de calidad, no solo de horas

Dormir ocho horas no te garantiza necesariamente un descanso reparador. La calidad del sueño es tan importante como la cantidad. Las interrupciones nocturnas, esos despertares frecuentes, la apnea del sueño o incluso una rutina irregular pueden impedir que completes correctamente las fases profundas del descanso.

El resultado es un cerebro que no se “reinicia” del todo y un cuerpo que amanece ya fatigado. Mantener horarios estables, reducir el uso de pantallas antes de dormir y crear un entorno oscuro y silencioso son pasos básicos para mejorar esta situación.

Deficiencias nutricionales

Una alimentación desequilibrada puede traducirse rápidamente en bajos niveles de energía. Hierro, vitaminas del grupo B y minerales como el magnesio juegan un papel clave en la producción de energía y en el funcionamiento del sistema nervioso.

En algunos casos, complementar la dieta con suplementos de magnesio puede ser una opción interesante, siempre que exista una necesidad real y se elija un producto con una dosis adecuada. Tal y como señala Javier Colomer, especialista en desarrollo de producto en HSN, “leer el etiquetado completo es clave para entender si un suplemento aporta una cantidad útil del ingrediente activo, más allá de reclamos comerciales”. Esto recuerda la importancia de fijarse en la composición real y no solo en el marketing del envase.

Estrés crónico y sobrecarga mental

El estrés sostenido eleva los niveles de cortisol, una hormona que, en exceso, interfiere con el descanso y la recuperación. Cuando la mente está constantemente en modo alerta, el cuerpo interpreta que no es momento de relajarse, incluso aunque estés acostado.

Este tipo de fatiga suele venir acompañada de dificultad para concentrarse, irritabilidad y sensación de “mente nublada”. Las técnicas de respiración, la actividad física moderada y los espacios diarios de desconexión pueden marcar una gran diferencia.

Deshidratación leve pero constante

No hace falta llegar a una deshidratación severa para notar sus efectos. Una ingesta de líquidos insuficiente puede provocar fatiga, dolor de cabeza y somnolencia. El agua participa en multitud de procesos metabólicos, y cuando falta, el organismo prioriza funciones básicas, reduciendo el rendimiento físico y mental.

Beber de forma regular a lo largo del día, incluso sin sensación intensa de sed, ayuda a mantener un nivel de energía más estable.

Sedentarismo o exceso de intensidad

Tanto la falta de actividad física como el sobreentrenamiento pueden generar cansancio extremo. El movimiento regular mejora la circulación, la oxigenación y la calidad del sueño. Por el contrario, entrenar sin una recuperación adecuada eleva el estrés fisiológico y puede conducir a una fatiga acumulada. Así que lo que debes hacer es encontrar un equilibrio entre actividad y descanso, esencial para sostener buenos niveles de energía.

El sueño incontrolable durante el día no suele tener una única causa, sino que responde a una combinación de factores, así que el primer paso es revisar estos aspectos de forma honesta, para que puedas detectar dónde está el problema y empezar a corregirlo. Recuperar la energía no es cuestión de soluciones rápidas, sino de construir una base sólida de descanso, nutrición y autocuidado. R.

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