Rejuvenecimiento facial entendiendo la complejidad biológica

La mejor estrategia es combinar cirugía y medicina estética en función de la necesidad de cada paciente.

El envejecimiento facial no es un fenómeno simple ni homogéneo, y desde luego no es un problema que pueda resolverse con una técnica universal. Envejecer no significa únicamente que “la piel se descuelgue”, implica cambios simultáneos y desiguales en la piel, los compartimentos grasos, el sistema fascial que transmite las fuerzas del rostro, los ligamentos que anclan los tejidos y el propio esqueleto facial. Cada uno de estos niveles envejece a su ritmo y de forma distinta en cada persona, lo que explica por qué dos rostros de la misma edad cronológica pueden mostrar patrones de envejecimiento completamente diferentes.

La piel pierde calidad por daño solar acumulado y por cambios biológicos intrínsecos; los compartimentos de grasa facial no solo descienden, sino que se redistribuyen y se atrofian de manera selectiva; los ligamentos de retención se elongaron o pierden eficacia; y el hueso facial se reabsorbe progresivamente, alterando los puntos de soporte.

Lo que vemos en el espejo es el resultado visible de ese reajuste interno, no un único defecto aislado. Pretender tratarlo todo con una sola herramienta es ignorar la biología.

Múltiples opciones terapéuticas

Los láseres y los peelings químicos son excelentes para mejorar la calidad de la piel, su textura y su uniformidad, pero no reposicionan estructuras profundas.

La medicina estética inyectable permite modular la expresión y restaurar volumen de forma precisa, y bien utilizada puede ofrecer buenos resultados; sin embargo, no libera ligamentos ni corrige un descenso real de los tejidos.

La cirugía, cuando está indicada, permite reposicionar estructuras y reconstruir relaciones anatómicas, pero tampoco es una solución única ni homogénea: existen distintas técnicas quirúrgicas, con diferentes planos de actuación, vectores de tracción y puntos de anclaje, que deben elegirse según la anatomía, el patrón de envejecimiento y los objetivos del paciente.

La evidencia científica muestra que incluso desde el punto de vista de la seguridad existen diferencias entre familias técnicas, pero también que ninguna está exenta de riesgos ni garantiza por sí sola mejores resultados a largo plazo. La clave no está en defender una técnica como superior, sino en saber cuándo una es apropiada y cuándo no. En muchos casos, la mejor estrategia no es elegir entre cirugía o medicina estética, sino combinarlas de forma razonada y secuencial, abordando primero la estructura, después el volumen y finalmente la calidad de la piel. Hugo Herrero Anton. Cirujano plástico de Centro Médico Teknon.

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