La grasa de la médula ósea como regulador clave de la salud inmunológica y ósea.

Un factor clave que está cobrando relevancia, actualmente, es el tejido adiposo de la médula ósea, un depósito de grasa especializado dentro de los huesos que desempeña un papel activo en la regulación metabólica e inmunitaria. A pesar de su importancia, aún no se comprende completamente cómo esta grasa contribuye a la pérdida ósea en la obesidad.

Un reciente estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores liderado por el Dr. Clifford J. Rosen, científico sénior, y el investigador Dr. Sergey Ryzhov, ambos del Centro de Medicina Molecular del Instituto de Investigación MaineHealth, en Scarborough, Maine, (EEUU), redefine el papel de la grasa de la médula ósea como regulador clave de la salud inmunológica y ósea.

Al revelar cómo influye en la inmunosupresión y la actividad de los osteoclastos, y demostrando que la obesidad puede afectar negativamente la integridad esquelética, la investigación, publicada en la revista ‘Bone Research’, sienta las bases para el desarrollo de terapias innovadoras destinadas a reducir la pérdida ósea relacionada con la obesidad y mejorar la salud en general.

Un factor clave que está cobrando relevancia es el tejido adiposo de la médula ósea, un depósito de grasa especializado dentro de los huesos que desempeña un papel activo en la regulación metabólica e inmunitaria. A pesar de su importancia, aún no se comprende completamente cómo esta grasa contribuye a la pérdida ósea en la obesidad.

Para abordar este desafío, los autores de este trabajo se centraron en averiguar cómo la grasa de la médula ósea influye en la función inmunitaria y la remodelación ósea en la obesidad. Utilizando modelos de ratones obesos inducidos por la dieta, sistemas de cocultivo celular y modelos de depleción genética, el equipo examinó las interacciones entre los adipocitos de la médula ósea, las células inmunitarias y los precursores de osteoclastos.

Entre sus hallazgos, cabe destacar que la obesidad provoca una expansión rápida y sostenida de la grasa de la médula ósea. Esta expansión alteró el perfil molecular de los adipocitos, incrementando la producción de moléculas de señalización como MCP-1 , que recluta y remodela las células inmunitarias mieloides. Como resultado, se produjo un marcado aumento de las células mieloides que expresan PD-L1 en la médula ósea. Estas células suprimieron la actividad de las células T, creando un microambiente inmunosupresor que alteró el equilibrio inmunitario normal. Es importante destacar que estas células PD-L1 + no solo suprimieron las respuestas inmunitarias, sino que también influyeron directamente en el desarrollo de los osteoclastos.

El estudio reveló, asimismo, que las células mieloides que expresan PD-L1 interactúan con los receptores PD-1 en los precursores de osteoclastos, promoviendo su diferenciación en osteoclastos maduros. Este proceso aumentó significativamente la resorción ósea, lo que provocó una reducción del volumen de hueso trabecular y cortical. Cabe destacar que el bloqueo de la vía PD-1/PD-L1 durante las primeras etapas de la formación de osteoclastos redujo tanto el número como la actividad de estas células reabsorbentes óseas, lo que subraya su papel fundamental en la osteoclastogénesis. El Dr. Rosen explicó que “la grasa de la médula ósea no es simplemente un tejido pasivo, sino que remodela activamente la señalización inmunitaria de tal forma que acelera la pérdida ósea en la obesidad”.

Para confirmar estos hallazgos, los investigadores utilizaron un modelo de ratón genéticamente modificado que carecía de adipocitos en la médula ósea. Estos ratones mostraron niveles reducidos de MCP-1 , menor cantidad de células inmunitarias PD-L1 + y una disminución significativa de precursores de osteoclastos. Es importante destacar que esto conllevó una mejora en la estructura ósea y una menor resorción ósea, incluso en condiciones de obesidad. Estos resultados demuestran que la grasa de la médula ósea desempeña un papel fundamental tanto en la inmunosupresión como en la degradación ósea.

“Esta vía de control inmunitario, conocida por regular las respuestas de las células T, también impulsa directamente la formación de osteoclastos, revelando un vínculo completamente nuevo entre la inmunidad y la salud ósea”, agregó el Dr. Ryzhov.

En definitiva, este estudio sugiere nuevas estrategias para proteger la salud ósea en personas con obesidad, actuando sobre la grasa de la médula ósea o las vías de los puntos de control inmunitarios. También puede aportar información sobre por qué la obesidad se asocia con respuestas inmunitarias deficientes, como una menor eficacia de las vacunas y un mayor riesgo de infección. J.S.LL. (SyM)

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