El verano, tiempo de riesgo silencioso para los mayores

Un cuidado integral es aún más importante en el periodo estival para adaptarse a los cambios.

El calor y el cambio de rutinas que se produce durante el verano puede suponer un impacto notable para los mayores. Es habitual que aparezcan desorientación, ansiedad o alteraciones cognitivas, (especialmente en personas con deterioro previo). Por tanto, hay que velar por su bienestar físico y emocional.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las altas temperaturas ponen en riesgo a los mayores porque tienen menos capacidad de adaptación al calor y pueden deshidratarse con más facilidad.“A esto se suman factores como ciertas patologías crónicas, la toma de algunos medicamentos, los cambios en las rutinas de descanso o una menor movilidad. Hay que prestar atención a signos como mareo, debilidad, confusión, calambres o temperatura corporal elevada.”, apunta Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.

El objetivo es evitar la hipertermia o golpe de calor, “que puede ser más peligrosa en personas con patologías cardiovasculares, respiratorias, renales, metabólicas o neurológicas, o si se toman medicamentos que pueden interferir en la hidratación o en la regulación de la temperatura corporal”, alerta la experta.

Eso sí, esto no significa que haya que descuidar la actividad física, que suele reducirse o puede derivar en ejercicios mal adaptados, con el perjuicio que puede suponer para la salud del mayor.

El calor también altera los mecanismos naturales de regulación del hambre. La reducción de apetito (hiporexia), puede derivar en una ingesta insuficiente de nutrientes que puede conllevar desnutrición, pérdida de masa muscular o debilitamiento del sistema inmunológico. “Al mismo tiempo, aumenta la pérdida de líquidos por sudoración y la sensación de sed puede no ser suficiente para detectar a tiempo una deshidratación. Por eso hay que beber agua con frecuencia, aunque no se tenga sed y priorizar comidas ligeras pero completas, incluyendo frutas, verduras, gazpachos, cremas frías o caldos suaves”, indica Catalina de la Gándara, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria de la residencia Sanitas Loramendi.

El ámbito emocional también es fundamental. Alfonsy Díaz, psicóloga y responsable de terapias no farmacológicas de Sanitas Mayores, expone: “Al cambiar los horarios, se interrumpen algunas rutinas habituales y, en muchos casos, disminuye el contacto social porque los familiares se desplazan durante las vacaciones. Estos cambios pueden favorecer la sensación de soledad, apatía o desorientación, sobre todo en personas con mayor dependencia o deterioro cognitivo. Mantener rutinas sencillas, planificar actividades adaptadas al calor, favorecer el contacto con familiares y amigos, y conservar pequeños hábitos diarios ayuda a que esta época se viva con más estabilidad emocional”.

Atención física y virtual

Además del cuidado integral necesario en esta etapa crítica de adaptación que supone el periodo estival, si el mayor va a viajar, desde Sanitas aconsejan un hacer una revisión médica previa. Se comprobará si la situación clínica es estable, se ajustará la medicación si fuese necesario, se valorará el riesgo de deshidratación y se planificará cómo conservar los fármacos durante el desplazamiento. Es esencial llevar la documentación médica necesaria e identificar los centros sanitarios cercanos al lugar de destino.

Catalina de la Gándara recuerda que “también existen opciones de atención no presencial como las videollamadas que pueden ser muy útiles en esta época, especialmente para resolver consultas de seguimiento, dudas sobre medicación, síntomas leves o recomendaciones preventivas sin necesidad de desplazamiento”.

Por último hay que tener en cuenta opciones de continuidad asistencial como la atención en los domicilios o las estancias de corta duración en residencias temporales que cubren las necesidades del mayor y sus familiares en estos meses de verano. A. L. Madrid

También te podría gustar...