Medir el tejido adiposo cardíaco mejora la predicción del riesgo de enfermedades cardiovasculares
La grasa que rodea el corazón, hasta ahora poco considerada en la práctica clínica, podría convertirse en una herramienta clave para anticipar el riesgo cardiovascular. Recientes evidencias sugieren, en este sentido, que medir el volumen del tejido adiposo mediante inteligencia artificial mejora la capacidad de predecir eventos cardiovasculares más allá de los métodos tradicionales.
El tejido adiposo pericárdico (TAP) es identificado como el tejido metabólicamente activo que almacena lípidos y que comprende dos capas anatómicamente distintas: el tejido adiposo epicárdico (TAE), ubicado entre el pericardio visceral y el miocardio, particularmente a lo largo de los surcos interventriculares y auriculoventriculares; y el tejido adiposo paracardíaco, que se encuentra externo al pericardio parietal.
La importancia del TAP supera el simple almacenamiento de lípidos, ya que funciona como un órgano endocrino metabólicamente activo capaz de señalización bidireccional con el tejido cardíaco. En este contexto, el volumen de dicha grasa cardíaca podría utilizarse de forma independiente para predecir eventos cardiovasculares, como defiende un estudio realizado en la Clínica Mayo en Rochester (EEUU).
El estudio siguió a casi 12.000 adultos durante aproximadamente 16 años. Los investigadores aplicaron inteligencia artificial a las tomografías computarizadas estándar de calcio en las arterias coronarias de los participantes para medir la grasa que rodea el corazón.
Compararon el valor predictivo de esta medición con dos enfoques estándar de evaluación de riesgos, tanto individualmente como en combinación con ellos: la ecuación PREVENT de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) , que incorpora factores tradicionales como la edad, el sexo, la presión arterial, el colesterol, la diabetes y otras variables; y la puntuación de calcio en las arterias coronarias, que mide la placa calcificada en dichas arterias.
“La grasa pericárdica se ha reconocido como un marcador de riesgo cardiovascular, pero este estudio demuestra cómo podemos medirla automáticamente y utilizarla para mejorar significativamente la predicción del riesgo, especialmente en pacientes con riesgo límite o intermedio, donde las decisiones clínicas suelen ser menos claras”, tal como expuso la Dra. Zahra Esmaeili, primera autora e investigadora del Departamento de Medicina Cardiovascular de la Clínica Mayo.
De tal forma, los resultados del trabajo, publicados en el ‘American Journal of Preventive Cardiology’, establecen que casi el 10% de los participantes desarrollaron enfermedades cardiovasculares durante el seguimiento.
Además, un mayor volumen de grasa alrededor del corazón se asoció de forma independiente con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares, incluso después de tener en cuenta los factores de riesgo tradicionales y las puntuaciones de calcio coronario.
Al respecto, la incorporación de mediciones de grasa coronaria mejoró la precisión de la predicción de eventos cardiovasculares más allá de los modelos establecidos.
Los resultados, tal como destacan los autores del trabajo, muestran que el volumen de grasa cardíaca podría utilizarse de forma independiente para predecir eventos cardiovasculares. Mejoró significativamente la precisión general de la predicción del riesgo a largo plazo al combinarse con la puntuación de calcio en las arterias coronarias y la ecuación PREVENT, especialmente en pacientes de bajo riesgo.
De esa forma, señalaron, “los futuros estudios ayudarán a determinar la mejor manera de incorporar la medición de la grasa coronaria a la atención clínica de rutina y si puede orientar las decisiones de tratamiento”. J.S. LL. (SyM)






















