La piel también necesita revisiones periódicas

La piel tiene memoria, cambia con la edad, con la exposición solar acumulada y con nuestros hábitos. Por eso, igual que cuidamos la tensión, la vista o la salud dental, también hay que incorporar una revisión dermatológica periódica (puede ser anual), sobre todo a partir de cierta edad o si existen factores de riesgo como antecedentes personales o familiares de cáncer cutáneo, muchos lunares o piel clara. Todo adulto debería conocer y observar su piel de forma regular: la autoexploración cutánea ayuda a reconocer cambios nuevos entre una revisión y otra. Además, acudir al dermatólogo no ha de entenderse solo como una respuesta ante un problema ya establecido, sino también como medida de prevención, permitiendo detectar a tiempo lesiones precancerosas o cancerosas, valorar el daño solar acumulado y orientar cuidados adaptados.

Cambios y cuidados cutáneos

Hay signos de alarma que no conviene pasar por alto. Un lunar que cambia de forma, tamaño o color; una lesión nueva que crece, una costra que persiste, una herida que no cicatriza en pocas semanas, una mancha que sangra con facilidad o una lesión toja áspera y persistente en zonas expuestas al sol son motivos suficientes para consultar. También lo son el picor mantenido, la descamación o el enrojecimiento que no mejora, o la aparición de lesiones repetidas en la misma zona. No todo cambio cutáneo implica gravedad, pero sí merece valoración cuando persiste o evoluciona. Llegar a tiempo puede marcar una gran diferencia.

La dermatología preventiva tiene hoy un papel fundamental. Gran parte del envejecimiento visible de la piel y muchos tumores cutáneos están relacionados con la exposición solar (radiación ultravioleta). La fotoprotección diaria, evitar las quemaduras solares, sobre todo en la infancia,  y no buscar el bronceado siguen siendo medidas básicas, eficaces y respaldadas por la evidencia científica.

Además, con los años la piel se vuelve más fina, más seca, más frágil y pierde capacidad de reparación, aparecen arrugas, manchas, pérdida de elasticidad y lesiones asociadas al daño solar crónico. Envejecer es un proceso natural; descuidar la piel no debería serlo. En este periodo de la vida, la dermatología no se centra solo en el aspecto estético, sino también en la salud, previniendo complicaciones y diagnosticando en fases iniciales lesiones que pueden ser importantes.

Isabel Belinchón
Dermatóloga en el Hospital General

Universitario Dr. Balmis (Alicante).

Profesora titular de Dermatología.
Universidad Miguel Hernández.

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