Ante el cambio climático: nuevas enfermedades y nuevos riesgos
El cambio climático está teniendo un impacto directo en la salud de la piel. Una de las muestras más evidentes es el incremento de infecciones cutáneas y la modificación en sus zonas geográficas de presentación. El calor y la humedad favorecen la proliferación de bacterias, hongos y parásitos. Por ejemplo, se ha observado que, por cada grado que sube la temperatura, aumentan los casos de infecciones como la celulitis (infección bacteriana profunda de la piel). El verano pasado los dermatólogos vimos, respecto a años anteriores, más casos de impétigo, una infección bacteriana común que afecta preferentemente a los niños. Además, eventos como las inundaciones pueden facilitar infecciones de la piel por contacto con agua contaminada. Asimismo, los cambios climáticos están permitiendo que vectores como mosquitos o garrapatas se desplacen a nuevas áreas, introduciendo infecciones virales antes inexistentes en nuestro país, como la fiebre del Nilo Occidental, el dengue, el chikungunya y el zika.
La radiación solar sigue siendo un factor clave. La exposición acumulada de radiación ultravioleta (UV), junto con otros factores ambientales como la elevación de las temperaturas, incrementa el riesgo de cáncer de piel. Además, la combinación de radiación UVA y determinados elementos de la contaminación ambiental potencia el daño cutáneo, acelerando el envejecimiento de la piel y favoreciendo el desarrollo de tumores.
La contaminación ambiental es otro elemento importante. Las partículas contaminantes alteran la función barrera de la piel, estimulan la inflamación y pueden empeorar enfermedades como la dermatitis atópica, la psoriasis o el acné.
La subida de las temperaturas y las olas de calor también tienen consecuencias. Favorecen la sudoración, alteran el equilibrio de la piel y pueden agravar enfermedades inflamatorias como la hidradenitis supurativa u otras como la hiperhidrosis.
¿Qué podemos hacer?
Es fundamental protegerse del sol, mantener una buena higiene, hidratar la piel adecuadamente, manteniendo su función barrera; aportar antioxidantes para contrarrestar algunos de estos efectos y evitar la exposición prolongada a contaminantes, cuando sea posible. Asimismo, es importante consultar en caso de lesiones nuevas, empeoramiento o cambios en las ya existentes.
Yolanda Gilaberte
Jefa de Servicio del
Hospital Universitario Miguel Servet Zaragoza. Presidenta de Honor de la AEDV.






















