Preparar la piel para el verano empieza desde dentro C on la llegada del buen tiempo crece el interés por el cuidado cutáneo. “La verdadera preparación no empieza en la playa ni en el último momento, sino que es un trabajo continuo que se mantiene durante todo el año”, según Álvaro Chaux y Cristina Cobaleda, médicos estéticos del Instituto de Benito (IDB). El principal enemigo de la piel a largo plazo es la radiación ultravioleta. Gran parte de los cambios que solemos atribuir al paso del tiempo (manchas, pérdida de luminosidad, flacidez, alteraciones de textura) están directamente relacionados con la exposición solar acumulada, un fenómeno conocido como fotoenvejecimiento. A ello se suman factores como el tabaquismo, el estrés oxidativo y los cambios hormonales. En las mujeres, la menopausia representa un punto de inflexión especialmente significativo por el impacto que tiene la caída de estrógenos sobre la calidad de la piel. La base del cuidado sigue siendo la misma: fotoprotección diaria, hidratación adecuada, rutina cosmética personalizada y hábitos de vida saludables. Sin embargo, los avances en el conocimiento del envejecimiento biológico han transformado el enfoque de la medicina estética. Componentes clave para la piel como el colágeno y la elastina, responsables de la firmeza y elasticidad, no pueden recuperarse únicamente con cosméticos, ya que su producción disminuye progresivamente con la edad. Esto ha impulsado el auge de los tratamientos bioestimuladores, cuyo objetivo no es corregir signos visibles de forma inmediata, sino estimular los mecanismos naturales de producción de colágeno para mejorar la calidad del tejido a medio y largo plazo. Empresas como Galderma han contribuido al desarrollo de evidencia clínica en este campo. Los resultados son progresivos y naturales, lo que encaja con la demanda actual de los pacientes: verse mejor sin dejar de parecerse a sí mismos. Ambos especialistas subrayan que no existe un tratamiento válido para todos. La genética, el historial de exposición solar, los hábitos y la estructura facial hacen que dos personas de la misma edad puedan tener necesidades completamente distintas. Por eso, el diagnóstico médico individualizado es hoy más importante que la elección de un procedimiento concreto, y en muchos casos la combinación de técnicas ofrece mejores resultados que cualquier tratamiento único. La conclusión es clara: la medicina estética ha evolucionado de la corrección de defectos a la prevención y la regeneración. Preparar la piel para el verano significa entender cómo envejece, protegerla de forma constante y confiar en un plan diseñado a medida, con el paciente y no el tratamiento en el centro de la decisión.

Con la llegada del buen tiempo crece el interés por el cuidado cutáneo. “La verdadera preparación no empieza en la playa ni en el último momento, sino que es un trabajo continuo que se mantiene durante todo el año”, según Álvaro Chaux y Cristina Cobaleda, médicos estéticos del Instituto de Benito (IDB).

El principal enemigo de la piel a largo plazo es la radiación ultravioleta. Gran parte de los cambios que solemos atribuir al paso del tiempo (manchas, pérdida de luminosidad, flacidez, alteraciones de textura) están directamente relacionados con la exposición solar acumulada, un fenómeno conocido como fotoenvejecimiento. A ello se suman factores como el tabaquismo, el estrés oxidativo y los cambios hormonales. En las mujeres, la menopausia representa un punto de inflexión especialmente significativo por el impacto que tiene la caída de estrógenos sobre la calidad de la piel.

La base del cuidado sigue siendo la misma: fotoprotección diaria, hidratación adecuada, rutina cosmética personalizada y hábitos de vida saludables. Sin embargo, los avances en el conocimiento del envejecimiento biológico han transformado el enfoque de la medicina estética. Componentes clave para la piel como el colágeno y la elastina, responsables de la firmeza y elasticidad, no pueden recuperarse únicamente con cosméticos, ya que su producción disminuye progresivamente con la edad.

Esto ha impulsado el auge de los tratamientos bioestimuladores, cuyo objetivo no es corregir signos visibles de forma inmediata, sino estimular los mecanismos naturales de producción de colágeno para mejorar la calidad del tejido a medio y largo plazo. Empresas como Galderma han contribuido al desarrollo de evidencia clínica en este campo. Los resultados son progresivos y naturales, lo que encaja con la demanda actual de los pacientes: verse mejor sin dejar de parecerse a sí mismos.

Ambos especialistas subrayan que no existe un tratamiento válido para todos. La genética, el historial de exposición solar, los hábitos y la estructura facial hacen que dos personas de la misma edad puedan tener necesidades completamente distintas. Por eso, el diagnóstico médico individualizado es hoy más importante que la elección de un procedimiento concreto, y en muchos casos la combinación de técnicas ofrece mejores resultados que cualquier tratamiento único.

La conclusión es clara: la medicina estética ha evolucionado de la corrección de defectos a la prevención y la regeneración. Preparar la piel para el verano significa entender cómo envejece, protegerla de forma constante y confiar en un plan diseñado a medida, con el paciente y no el tratamiento en el centro de la decisión. S. LL.

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